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  • A RIESGO PROPIO

Por: Bernardo Olvera Bolio bernardo

ECO: El 10 de agosto se publicó que un estudio mandado hacer por AMIS reporta lo que en esta columna dijimos gratis en la colaboración anterior sobre la argumentación desgastada del seguro de Vida. ¡Vaya!

 

EL CRISTAL CON QUE SE MIRA. Así reza un refrán que, completo, sentencia: Nada es verdad y nada es mentira, todo depende del cristal con que se mira. En su más amplia acepción implica que toda opinión es válida siempre que tome como base un ángulo de visión claramente definido.

PUES BIEN, en este espacio hemos expresado diversas críticas, y por múltiples motivos, a los autoritarios (ya quedamos en que no son autoridades) de la CDMX. Se sostienen sin duda esas críticas; pero algunos amigos del cuestionamiento como la forma más acabada del entendimiento (esta frase sonó tan estúpida como el anuncio de radio que advierte: “Dicen que hablando se entiende la gente… Nosotros decimos que dialogando”). ¡Ufff! me han replicado al respecto.

EL CUESTIONAMIENTO, del que soy partidario como forma del entendimiento y, agregaría, de la reflexión (¿otra vez?), va en el sentido de que yo de plano no soy capaz de ver algo bueno en esta agujereada y maltrecha megalópolis (adjetivo que, adoptado por quien lo adoptó, me parece de ¿no ma’mezclar el café?). Me lo preguntan como un juego de esgrima de ideas mis amigos y con un dejo de ¿a ver ahora qué haces? mis no amigos. Claro, porque siempre he sido de los que afirman que hay algo de positivo en todo lo que ocurre.

ENTONCES DIGO QUE SÍ. Sí hay algo (no lo único) de positivo en el deplorable estado en que tienen a la otrora capital del país. Es algo de lo que muchos debiéramos estar agradecidos, ya que abona de alguna forma a nuestros intereses. Me refiero a todos los que participamos en el sector asegurador o por lo menos en el seguro (porque no es lo mismo ser cura que feligrés).

PARA EL SECTOR ASEGURADOR debe de ser una bendición que las calles estén hechas pedazos. Ese perverso estado en que las resulta favorable, para molestia de los que creen que son ciento por ciento malvados molestando a los ciudadanos hasta hartarlos; favorable, digo, ya que provoca más accidentes de tránsito. A lo mejor no más colisiones, pero sí más daños materiales a los autos, que se rompen por el gracioso efecto de los baches y socavones con que nos obsequian entre los autoritarios y la madre naturaleza (aunque esta última nomás llueve).

ESOS DAÑOS MATERIALES, que nunca pagarán los irresponsables de la vialidad, ¡perdón!, la movilidad (otra jalada lingüística), los tendrá que pagar el seguro…, y la única forma de que esto ocurra es que los automovilhabientes (ahora la jalada es mía) compren un seguro. Como siempre se ha dicho: el mejor amigo del seguro es el siniestro, pues crea conciencia. Así que, aprovechando las lamentables condiciones urbanas, el sector podría hacer una nueva campaña publicitaria: ¡Nada es seguro… Tu siniestro sí!, e ilustrarla con imágenes de autos despedazados por el desbacheo (una más) de las calles, periféricos, circuitos, segundos pisos y más. Sin duda se elevará el volumen de las primas y la masa asegurada.

OTRO ASPECTO igualmente agradecible es la delincuencia desatada. Gracias a ello hay más muertos y heridos en las balaceras (inexistentes, dicen) en que se están liquidando los rijosos, entre ellos o con el personal de Seguridad Pública; particularmente de personas que sin deberla ni temerla tienen la pésima suerte de ir pasando por ahí; es decir, que no participan en riñas ni cosa por el estilo. Para ellos podría hacerse también una campaña similar y exaltar la toma de conciencia sobre la necesidad de algún seguro sobre los riesgos que “afectan al vigor vital” (Lex dixit). También sería una exitosa campaña y favorecería la contratación de esa clase de seguros.

DE MODO QUE, bien visto y bien aprovechado el punto, el sector debiera estar muy agradecido a los autoritarios de la CDMX por el porquerillero (neologismo hasta ahora discriminado) en que nos tienen: puede traducirse en crecimiento del sector.

 

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