Hay mucho por hacer

     Por Bernardo Olvera

LA FRASE QUE encabeza este artículo surge de una afirmación escuchada con frecuencia entre los diversos integrantes del sector asegurador.

Sean funcionarios, directivos, autoridades, intermediarios o clientes, emiten (y no sin razón), tal sentencia.

SIN EMBARGO, la mayor parte de las veces, esa afirmación se convierte en algo tan general que se vuelve inasible. Claro, las generalizaciones suelen terminar por caer en la indefinición. De modo que la frase “mucho por hacer” es perfectamente difusa, tanto que aun cuando muchos (otra indefinición) están de acuerdo con ella, sólo algunos realmente están pensando en algo concreto cuando declaran tal cosa.

SE REQUIERE el ejercicio de acciones como la observación, el análisis, la reflexión u otras habilidades para determinar alguno de los qué’s involucrados en esa amalgama indefinida “mucho QUE hacer”. Lo más valioso, así, no es saber que “hay mucho que hacer”, sino detectar y definir cada uno de los qué’s que suma al conjunto.

UNO DE ESOS QUÉ’S bien puede ser el relativo al Fonden, ese fondo para desastres naturales que “existe” y que puede pasar de ser una provisión hasta un gasto ejercido; que como provisión es un estimado y como ejercido suele ser indeterminado; pues, en los casos de desastre, las cifras alrededor de ello suelen ser tan diversas y disparadas unas de otras que no hay forma de comprometerse a decir cuál fue, después de todo, el gasto real.

INDEPENDIENTEMENTE de los manejos y precisiones informativas al respecto, lo claro es que, atendiendo a la más elemental esencia del seguro, más valdría sustituir una gran pérdida probable por una pequeña pérdida cierta. A pesar de ser algo tan clásico, el concepto se sigue aplicando en el caso del Fonden.

ESTO ES, que en vez de existir un Fonden, existiera un Seden (¡Dios, cuánta imaginación para el nombre!), es decir, un seguro contra desastres naturales.

¿QUÉ VENTAJAS OFRECERÍA el esquema? Sin duda, ahorro, facilidad presupuestal, control del gasto, solución del problema, garantías en el servicio y otras más que no es el caso enlistar en este momento.

¿CÓMO JUEGA ESTE asunto entre lo “mucho que hay que hacer” en el sector asegurador? Lógicamente, el tema tiene que ver con difusión, posicionamiento, cultura y convicción. Nadie nace pensando en seguros: alguien le tiene que informar y proponer esquemas de aseguramiento. Aquí es donde entra el sector en su parte activa.

SERÁ A TRAVÉS del cabildeo institucional como se podrá convencer una a una o de golpe a las distintas cámaras legislativas que se ocupan del país para establecer bases necesarias para la adquisición, asignación y administración del esquema de previsión y fondeo para el caso.

LA DETERMINACIÓN de partidas estatales y federales dependerá de las propias autoridades y acuerdos entre los distintos niveles de gobierno. Pero la determinación de exposición al riesgo, estimación de frecuencia y severidad, pérdida probable y otros factores que determinen el costo o prima resultante será función del sector.

ASÍ, UN QUÉ hacer pudiese ser el que se ha comentado. La necesidad es evidente; baste tomar el reciente caso de Sinaloa y sus pérdidas millonarias (unos hablan de 5 mil millones de pesos y otros de 800 mil millones de pesos); ése es el tipo de situaciones que se resolverían sin conflicto mediante el aseguramiento del fondo en cuestión.

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