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LEÓN, Guanajuato.- José Hernández pasó sus años de infancia ajeno a lo que todo niño desea en esa etapa. Integrante de una familia de campesinos originarios de La Piedad, Michoacán, José pasaba buena parte de los meses del año en California, Estados Unidos, ayudándole a su padre en la pisca de fresa, jitomate, pera, uva, según el mes del año.

Así, su vida y su entorno tuvieron carencias económicas importantes. José Hernández vivió sus primeros diez años con enormes irregularidades académicas, pero un día, gracias a la intervención de una de sus maestras, las cosas, los sueños y el destino cambiaron radicalmente para el pequeño José.
Cierta ocasión, la maestra de José habló con el papá al ver las constantes irregularidades académicas por las que el niño pasaba: “Usted, que se dedica al campo, coménteme ¿qué sucedería si hiciera cuatro hoyos, plantar cuatro arbolitos y los cuidara en las mejores condiciones, con suficiente agua, tierra y fertilizante, pero a las pocas semanas los trasplantara a otro hoyo, bajo el mismo cuidado, y en un tiempo igualmente corto hiciera de nueva cuenta la misma operación?”.

El padre de José Hernández respondió: “En primera debo decirle que no se morirían porque están cuidados, pero tampoco crecerían mucho porque no se les ha permitido que echen raíz”. Entonces la maestra le hizo ver que justamente eso estaba haciendo con sus hijos, pues los constantes cambios de residencia estaban ocasionando que no pudieran echar raíces, por lo que lo invito a considerar permanecer en un mismo lugar si es que le interesaba propiciar el crecimiento de sus hijos.

A partir de esa charla, dijo José Hernández, todo cambio, y ahí empezó la gran tracción educativa. “Al cumplir 10 años nació en mí ese sueño, el de ser astronauta. En 1972, para ser exacto. Mi familia y yo estábamos viendo la televisión e interrumpieron la transmisión para hacer la cobertura de la época: el Apolo 17 a la luna. No podía creer que en la Luna, que justo se observaba tras la ventana, estuviera caminando en ese mismo instante un astronauta. En ese momento me enganché por completo con la idea de estar algún día en el espacio.”

Al concluir la transmisión, José Hernández le comentó a su padre que ya sabía lo que quería ser de grande: astronauta. “Eso quise ser. Él se quedó viéndome de una manera entre asombrada y comprensiva. Me parece que advirtió mi determinación y dijo: ‘¿Sabes?, yo creo que sí puedes serlo; y, es más, te voy a compartir una receta muy simple. Si la sigues al pie de la letra, vas a poder lograrlo. Consta de cinco ingredientes’.”

Primero: define tu meta. La única manera de tener una visión clara de lo que quieres lograr en la vida es definiendo de forma muy precisa qué es lo que quieres.

Segundo: reconoce qué tan lejos estás de ella. De esa forma podrás ubicarte perfectamente en qué tan pronto podrá ser una realidad o bien qué elementos y características en específico requieres para hacer coincidir el objetivo con tu realidad.

Tercero: Diseña una ruta que te guíe desde donde estás hasta donde quieres ir. Eso será tu guía en la vida y te mostrará paso a paso el camino más propicio evitándote desviaciones innecesarias.

Cuarto: Mantén una buena educación. Sin educación y preparación no obtienes nada. Capacítate e
infórmate cuanto puedas en relación con aquellos elementos técnicos que te serán de utilidad para llegar a la meta y para ser siempre elegible entre un mundo de colegas que pueden perseguir tu mismo sueño.

Quinto: pon todo tu esfuerzo y corazón en ello. Siempre entrega más de lo que la gente espera de ti. Ocúpate en trabajar mayoritariamente con la mente y no con el cuerpo, porque el cuerpo se cansa y la mente no.

Después de aquella receta, Hernández se graduó como ingeniero, y desde ese momento pasaron 11 solicitudes con sus respectivos rechazos para ser astronauta de la NASA. “En los primeros intentos amablemente me decían que volviera el próximo año, y conforme pasó el tiempo comencé a ser parte del selecto grupo de los 100 entre cientos de aspirantes, pero me seguían faltando cualidades que otros sí tenían, y eso me hacia quedar fuera de los elegidos.”
“Entonces comencé una autoevaluación y a comparar mis cualidades con las de los candidatos seleccionados. ¿Qué no tenía yo y que los demás sí que hacía la diferencia entre ser elegido y quedar fuera? Y me puse a trabajar en obtener algunas de ellas que me permitieran aumentar las posibilidades de ser electo.”
“No quedé en el grupo de astronautas sino hasta el duodécimo intento por lograrlo. Con ello se vio cristalizado todo el esfuerzo y determinación para alcanzar ese sueño. Para mí ese proceso es el mismo que se necesita para llegar a conquistar cualquier cosa en la vida. Hay que definirse para lograr sobresalir respecto a los demás. Todo es posible en la vida si uno pone la actitud adecuada.”
“Yo creo, amigos agentes, que todos tenemos estrellas que queremos alcanzar. Tanto yo, en mi proceso de selección como astronauta, como ustedes, como agentes de seguros, nos hemos enfrentado con el NO: No, me dijo una y otra vez la NASA; NO necesito el seguro que me está ofreciendo, les dicen a ustedes. No hay nada mal con la palabra si la utilizamos para aprender de cada experiencia, si nos retroalimentamos de su significado y diseñamos el plan siguiente para convertirla en lo contrario.
Volar al espacio a bordo del Discovery en 2009 ha sido la experiencia más maravillosa de mi vida, pero no se necesita ser astronauta para alcanzar las estrellas. Sé que cada uno de ustedes tiene una o varias estrellas que alcanzar, y sé que pueden alcanzarlas si se comprometen, y como yo, siguen la receta del viejo.”