Al margen…

Por: Lic. Eduardo F. Rodríguez Hernández.

“Todo el que manda es tirano a los ojos de todos los que quisieran mandar. Regla general: en el poder se invoca siempre el orden; en la oposición se invoca siempre la libertad” (Manuel Tamayo y Bausdestacado dramaturgo y académico español, ocupó el cargo desecretario perpetuo de la Real Academia Española)

La Comisión Nacional de Seguros y Fianzas (CNSF) es un órgano desconcentrado de la SHCP que durante años ha mantenido el respeto de los diversos actores del sector asegurador y afianzador de México. Yo ingresé a laborar a esta honorable Comisión cuando la presidía Juan Ignacio Gil Antón, gran funcionario que colaboró en la estabilización de la CNSF después de su escisión de lo que era la Comisión Nacional Bancaria y de Seguros, pero desde mi punto de vista la consolidación como gran organismo regulador del sector lo llevó a cabo una mente brillante como la de Manuel Aguilera Verduzco y la creció a grandes estándares mi paisana Norma Alicia Rosas Rodríguez, los tres mexicanos ejemplares, me siento muy orgulloso de haber sido dirigido por estos extraordinarios servidores públicos, pero más orgulloso me siento de haber tenido a estos mejores seres humanos en mi vida profesional.

Desde que la CNSF logró su “independencia” en el año 1990, empezó a tener mayor protagonismo a nivel nacional e internacional, recuerdo muy bien ese gran seminario internacional que organizaba todos los años en la Ciudad de México y al que acudían los personajes nacionales y extranjeros más brillantes del mundo asegurador y afianzador. Asimismo, recuerdo a Manuel y Norma Alicia dirigiendo o participando activamente y con gran nivel, en organizaciones supervisoras internacionales de seguros, gran orgullo para México.

Estimo que desde 1990, la CNSF siempre ha estado atenta al buen funcionamiento de los diversos actores del sector asegurador y afianzador de México, tal vez hoy un poco más complicado con la escasez de recursos económicos y humanos que han caracterizado a las instituciones públicas de nuestro país desde hace ocho años. Podemos decir que antes de 1990, la supervisión del sector era más “administrativa” (revisar que se cumpliera la ley en papel), mientras que con la creación de la CNSF se pasó a una supervisión “financiera y de riesgos” (revisar que el dinero realmente alcance para pagar los siniestros). El nacimiento de la CNSF obedeció a la presión de que existieran verdaderos vigilantes especializados en seguros y fianzas, ya que no es lo mismo supervisar a un banco para que no caiga en riesgo de liquidez, a supervisar a una aseguradora para que tenga solvencia económica a largo plazo.

No se nos olvide que México, a través de la CNSF y con la nueva normativa en seguros (2014/2015), fue pionero en implementar lo conocido como “Solvencia II”, que es el marco regulatorio europeo y estándar internacional para empresas de seguros, que establece requisitos de capital basados en riesgos, obligando a las aseguradoras a ser más transparentes y a tener el capital suficiente para atender los riesgos que asume en sus contratos, a fin de garantizar la protección del asegurado.

Recordemos también, la gran intervención de la CNSF en momentos de crisis como la pandemia de influenza A (H1N1) del año 2009 o la del COVID19 de los años 2020/2021, en la que nuestra autoridad supervisora participó activamente para que la actividad aseguradora y afianzadora del país no se paralizara, pero sobre todo estuvo vigilante para que las instituciones de seguros mantuvieran estables sus reservas y atendieran los siniestros que se le reclamaban.

Pero entonces, ¿es necesaria la existencia de la CNSF?, me parece que sí desde varios puntos de vista, pero mencionaré solo algunos: Existe una protección al consumidor de seguros, ya que sin la CNSF, las aseguradoras podrían vender pólizas sin tener el dinero real o suficiente para pagar un siniestro amparado en una póliza.

El sector de los seguros en México representa un porcentaje del PIB, que aún bajo, no deja de ser significativo. Si la CNSF dejara de supervisar esta franja importante del sector financiero, se corre el riesgo de que arrastre a otros sectores económicos del país, por lo cual su supervisión evita que se pueda dar un efecto dominó.

Se cuenta con un organismo con alta especialización técnica, ya que el cálculo de primas y reservas usa matemáticas actuariales complejas, por lo que se necesita un organismo del Estado Mexicano que sea experto para validar que esos cálculos sean viables y correctos.

La CNSF no solo vigila a las instituciones de seguros y de fianzas, sino que valida la capacidad técnica del individuo que participa como intermediario de sus productos financieros para asegurar que entiende lo que vende.

La CNSF no solo es un vigilante administrativo de los diversos entes del sector asegurador, sino es también un vigilante que castiga el incumplimiento de las reglas. Sus facultades sancionadoras son el mecanismo que garantiza que las aseguradoras no sean simples cajas de recaudación, sino instituciones con la solidez legal y financiera para responder ante el siniestro, que es, en última instancia, el “momento de la verdad” para el asegurado, por lo que la ley le proporciona a la CNSF lo necesario para imponer sanciones que pueden ir desde una simple amonestación o una multa económica, hasta la revocación para continuar operando.

No obstante las grandes virtudes de la CNSF, que son muchas, tengo que ser también crítico de lo que sucede en este organismo público, conclusiones a las que llego a través de las quejas, comentarios, “pláticas de café”, etc., que durante años me han hecho llegar diversos actores del sector (funcionarios de instituciones, agentes, ajustadores, consumidores de seguros, etc.) y que por diversas circunstancias se han acentuado recientemente, cito algunas:

Existe una excesiva tramitología por ejemplo en los procesos de registro de productos de seguros o de autorizaciones de agentes, tanto personas físicas como personas morales, trámites que suelen ser altamente burocráticos en perjuicio de la dinámica que se requiere para ingresar a la economía del país.

Capacidad limitada de inspección hacia los entes que conforman el sector, ya que hoy en día la CNSF no cuenta con la cantidad necesaria de personal que puedan vigilar el buen actuar de las más de 100 instituciones de seguros y de fianzas, los más de 75 mil agentes de seguros y de fianzas, los más de 6000 ajustadores que existen en México, siendo su participación más reactiva que preventiva con los pocos funcionarios de áreas legales, de áreas de inspección, de áreas de vigilancia, etc. que pudieran participar en esta observancia de un buen cumplimiento de la norma, siendo alarmante que la CNSF cuenta con apenas unos 300 empleados para atender estas funciones más todas las funciones inherentes a las diversas atribuciones con las que cuenta, trabajadores que han venido enfrentando en los últimos años la merma en sus salarios y en sus prestaciones, por lo que personalmente creo que si queremos una institución de trabajo sólida y sana, no importa si es pública o privada, debemos poner el acento en pagar sueldos competitivos, en proporcionar capacitación constante, en tener los mejores perfiles y más en una materia tan especializada como los seguros y las fianzas.

Falta de soluciones rápidas de protección al consumidor de seguros y fianzas cuando se trata de instituciones que actúan irregularmente en perjuicio de sus clientes, ya que la autoridad supervisora le da más importancia a la solvencia financiera de las instituciones, que al caso individual o de cierto grupo que presenta problemas graves y similares entre ellos con una aseguradora, siendo que frecuentemente la CNSF no sanciona a una aseguradora que tiene “malas prácticas de servicio” si, en principio, tiene bien constituidas sus reservas, tardando o de plano sin intervenir en los procesos operativos que dañan al consumidor, pongo como ejemplo lo sucedido con aquélla aseguradora que se hacía llamar “SISNOVA” y de la cual acá “abajo” en territorio, los agentes y los asegurados se preguntaban “qué estaba haciendo la CNSF?”, cuando en la práctica la aseguradora no estaba pagando siniestros, no pagaba comisiones a los agentes, no pagaba a los hospitales y médicos, etc., con conocimiento puedo decir que muchos asegurados de esta institución estaba conformado, en una buena porción, por un grupo vulnerable como lo son los adultos mayores, quienes perdieron su protección médica y difícilmente podrán ser nuevamente asegurados en otra empresa de seguros por distintos motivos ténico-jurídicos que en otra participación podré abordar.

La infraestructura tecnológica de la Comisión ha mostrado vulnerabilidades. Los incidentes de seguridad digital y las caídas de sus portales para trámites de agentes son recurrentes, el más reciente ocurrió este mismo año 2026, finales de enero principios de febrero, en el que se supo quedaron expuestos los datos de los agentes registrados ante la CNSF, quedando “mal parada” ante la sociedad, al considerar que el organismo que revisa y protege al sector, tiene sistemas obsoletos que ponen en riesgo la seguridad de sus supervisados, la confianza del sector seguros debe partir de su máxima autoridad, por lo que no es un buen mensaje para los consumidores de seguros.

La pregunta que debe guiar nuestra reflexión no es si la CNSF es necesaria, sino qué tipo de Comisión necesita el México de hoy. Un supervisor que ha sabido evolucionar desde el control administrativo rígido de 1990 hasta la sofisticación técnica de “Solvencia II”, no puede permitirse el estancamiento ante los retos de la era digital.

La permanencia de la CNSF es vital para garantizar la solvencia en un mercado de muchísimos millones de pesos, pero también su evolución es obligatoria para garantizar la justicia y la seguridad de los usuarios que consumen seguros y fianzas. El reciente ciberataque debe servir como un punto de inflexión, la CNSF debe transitar de ser un vigilante cuadrado de procesos y reservas a convertirse en una fortaleza digital que beneficie tanto a los diversos actores del sector como a sus consumidores, pero sobre todo que demuestre a la sociedad que como autoridad que vigila el buen cause y comportamiento de las instituciones de seguros y de fianzas, de sus agentes, que en esencia son entes creados para darnos seguridad en diferentes formas, el comportamiento operativo de la CNSF debe ser como un “faro de confianza” para todos los que la necesitamos y la necesitamos fuerte, la necesitamos sana, la necesitamos eficiente, la necesitamos confiable.

Con cariño dedico esta colaboración a mis excompañeros de la CNSF que por alguna u otra razón dejaron de seguir aportando sus amplios conocimientos a tan entrañable organismo y que lograron, con su esfuerzo, dedicación y profesionalismo, un organismo sólido y respetable a nivel nacional e internacional, grandes momentos viví con muchos de ustedes que son inolvidables.

También dedico mi participación a los compañeros que lograron continuar sus carreras profesionales en la CNSF y a todos aquéllos que se han venido incorporando en los últimos años, seguro estoy que les toca enfrentar muchos retos con un México distinto, en el que sus más brillantes instituciones se han visto limitadas en muchos aspectos y esto no es culpa de ustedes, su esfuerzo y compromiso con México es muy importante para que la CNSF permanezca brillando y siga siendo la guía para todos los que de alguna forma estamos involucrados con los seguros y las fianzas, mis buenos deseos para todos ustedes.

Y como decía mi abuelo… “Cuando uno recibe para dar, siempre te seguirán dando”

Hasta la próxima!

El Lic. Eduardo F. Rodríguez Hernández es Fundador y Director del despacho ELAAA, ABOGADOS & CONSULTORES, S.C.

www.elaaa.com.mx

eduardo@elaaa.com.mx

Por medio de esta nota autorizo al periódico EL ASEGURADOR a publicar, en la sección que mejor convenga, el artículo que lleva por título “AL MARGEN” “Es necesaria la CNSF?” y que fue realizado por EDUARDO FRANCISCO RODRIGUEZ HERNANDEZ, que aparece como autor del mismo, todo ello de manera voluntaria y sin recibir a cambio ninguna remuneración económica, asimismo me reservo todos los derechos para publicarlo en cualquier otro medio.

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