Por: Roberto Shoji Luna Nakachi, Director General del Instituto Mexicano Educativo de Seguros y Fianzas, A. C.

Finalmente llegamos a la última categoría del Global Risks Report del Foro Económico Mundial (FEM) sobre los riesgos globales.  A tiempo para la publicación del informe 2026 y con el objetivo de que año con año, los miembros del sector asegurador en nuestro país lean dichos reportes anuales y sirvan para establecer estrategias comerciales, de asesoría y con ello entender un poco más las dinámicas mundiales que impactan de forma local a los mercados.  Estas publicaciones se han consolidado como una referencia central para comprender los principales riesgos que amenazan la estabilidad social, económica y ambiental del planeta.  Asimismo, sintetiza las percepciones de cientos de expertos globales sobre los riesgos más probables y más severos, organizados en ámbitos como el geopolítico, medioambiental, tecnológico, económico y social.  Aunque gran parte de la atención pública se centra en riesgos medioambientales o tecnológicos, los riesgos humanos y de salud, que incluyen desigualdad, erosión de derechos humanos, polarización social, migración forzada y pandemias, son fundamentales para comprender las vulnerabilidades de sociedades y sistemas de bienestar.

Esta última entrega analiza la forma en que el sector asegurador comprende y enfrenta estos desafíos y explora las oportunidades emergentes para los agentes (intermediarios) de seguros.  La tesis central es que, aunque la atención del FEM se ha desplazado hacia riesgos como conflictos armados y eventos medioambientales extremos, los efectos de los riesgos humanos y de salud representan amenazas profundas y sistémicas que requieren respuestas innovadoras del mercado asegurador, en donde intermediarios calibrados pueden ser agentes claves de resiliencia.  Pareciera que la pandemia sanitaria por COVID-19 ha sido superada, pero es una amenaza latente, al igual que otros riesgos de esta naturaleza.

Riesgos Humanos y de Salud en el Global Risks Report

Este informe caracteriza un mundo profundamente fracturado, con tensiones geopolíticas, desigualdades sociales persistentes y estructuras económicas que presionan la cohesión y el bienestar colectivo.  Si bien las amenazas como el conflicto armado o eventos climáticos extremos ocupan los primeros lugares en el ranking de urgencia para 2025, los riesgos humanos y de salud subyacentes figuran de manera significativa en la evaluación a corto y largo plazo.  A continuación, se mencionan cada uno de acuerdo al reporte mencionado:

El propio informe identifica la desigualdad (riqueza, ingreso y oportunidades) como uno de los riesgos centrales que opera como factor disparador y amplificador de otros riesgos globales. La desigualdad no es solo un riesgo económico, sino un riesgo humano que erosiona la cohesión social y la confianza en las instituciones, creando un caldo de cultivo para polarización social, migración involuntaria y erosión de derechos civiles.

Estos elementos forman un entramado donde las políticas públicas y los mecanismos de protección social están bajo presión: la desigualdad aumenta la vulnerabilidad ante choques de salud como epidemias o crisis económicas que limitan la capacidad de acceso a servicios esenciales.  Los riesgos humanos en este contexto no se limitan a enfermedad o mortalidad directa, sino a la pérdida de oportunidades, estabilidad familiar y capital social.

Como parte de los riesgos sociales destacados, la polarización social y la erosión de derechos humanos y libertades cívicas aparecen de forma destacada según la percepción de expertos. Una sociedad polarizada tiende a generar brechas en la provisión de salud, educación y servicios básicos, lo cual incrementa las brechas en salud mental, mortalidad temprana y desconfianza en sistemas públicos de salud.

Aquí haré un paréntesis respecto a la importancia de la comprensión de los derechos humanos y el porqué es fundamental que las sociedades trabajen para lograr el pleno goce de los mismos.  En términos generales tenemos 3 generaciones de derechos humanos (algunos expertos señalan que son 4 categorías) que están plasmados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH), documento que marca un hito en la historia de los derechos humanos y de la humanidad misma.  Este documento fue proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en París, el 10 de diciembre de 1948, como un ideal común para todos los pueblos y naciones.  Asimismo, este documento es ampliamente reconocido por haber inspirado y allanado el camino para la adopción de más de setenta tratados de derechos humanos.  En lo personal, pienso que es el texto más importante que todo ser humano debe conocer, comprender, adoptar y defender ya que establece las bases de la convivencia dentro y entre sociedades, resaltando los valores de la tolerancia y el respeto como ejes civilizatorios presentes y futuros.

En términos generales, la DUDH menciona que la primera generación de derechos humanos son los civiles y políticos, aquellos que donde el estado-nación no debe intervenir para el goce de estas garantías.  Como ejemplos, encontramos el derecho a la vida, el derecho a la libre expresión, el derecho a la circulación, entre otros.  La segunda generación de derechos humanos son los económicos, sociales y culturales, aquellos en donde el estado-nación si debe intervenir para su goce y como ejemplos, se puede mencionar el derecho a la educación, el derecho a la salud, el derecho al empleo, etc.  La tercera generación de derechos humanos son los solidarios, aquellos en los que la humanidad debe colaborar para su goce como la solidaridad internacional y el acceso a un medio ambiente sano.  La última generación de derechos humanos no encaja precisamente a la lógica de 1948 pero sin duda, representan áreas importantes para la dignidad humana y aquí mencionamos el derecho al acceso a Internet, muy importante dado que el acceso a la red de redes potencializa la protección de los demás derechos a través de las fronteras, los derechos sexuales y el derecho al acceso a agua potable.  Como se puede observar, la protección de todos los derechos humanos es fundamental para el bienestar de las sociedades, ninguno es absoluto, todos se complementan y sus límites son precisamente cuando se vulnera otro derecho humano.  Esta comprensión es importante ya que, en tiempos de polarización, se tiende a ver solo un aspecto de los derechos humanos y se descalifican otros, lo que, sin duda, no es propio de una sociedad que busca el progreso y bienestar de sus miembros.

La migración involuntaria, motivada por conflictos, desastres o deterioro de condiciones de vida, representa otro factor de riesgo humano. Las poblaciones desplazadas enfrentan déficits de acceso a servicios de salud, protección laboral y mecanismos de seguridad social. Estas realidades generan demandas de cobertura e instrumentación de redes de protección que el mercado asegurador tradicional no siempre contempla.

Aunque las enfermedades infecciosas puntuales (como COVID-19) no dominan el ranking a corto plazo de 2025, la salud estructural sigue siendo un riesgo vital a través de variables como la capacidad del sistema de salud, la salud mental, la espiral de envejecimiento poblacional y la resiliencia ante pandemias futuras.  El informe destaca que las tendencias demográficas (como el envejecimiento de poblaciones en países desarrollados y algunos en vías de desarrollo) pueden agravar la presión sobre sistemas de salud, pensiones y redes de cuidado, constituyéndose en un riesgo humano duradero.

En conjunto, estos riesgos humanos y sanitarios configuran una capa de vulnerabilidad que no siempre se reconoce en los rankings superficiales, pero que su impacto en sistemas sociales es profundo y duradero.

El sector asegurador tradicional opera bajo principios de mutualización de riesgos, análisis actuarial y transferencia financiera de incertidumbres.  Sin embargo, la naturaleza sistémica de los riesgos humanos y de salud plantea desafíos que exigen enfoques más sofisticados que el aseguramiento tradicional.  Los modelos actuariales convencionales dependen de estadísticas históricas y eventos relativamente independientes. Los riesgos humanos (como desigualdad o polarización social) no se modelan fácilmente porque su evolución está mediada por dinámicas políticas, culturales y económicas complejas. Esto dificulta la evaluación de primas y reservas adecuadas para seguros relacionados con salud estructural o eventos sociales.  En salud, por ejemplo, los costos potenciales de demandas médicas (enfermedades crónicas, salud mental, pandemias futuras) y la interdependencia de factores socioeconómicos complican el cálculo de riesgo puro y la designación de márgenes de solvencia.

Pese a estos desafíos técnicos, el sector asegurador ha mostrado dinamismo en la creación de productos y servicios adaptados a riesgos humanos y sanitarios. Un ejemplo clave es el desarrollo de seguros enfocados en bienestar y prevención, que combinan cobertura médica con programas de gestión de salud y herramientas de monitoreo para disminuir siniestros relacionados con enfermedades crónicas o deterioro de la salud general.

Además, bajo el marco de criterios ASG (ambientales, sociales y de gobernanza), muchas aseguradoras incorporan criterios sociales en la suscripción y el diseño de productos, lo que implica evaluar impactos no solo financieros sino también sociales de sus carteras.

Los productos paramétricos, que realizan pagos basados en métricas previamente acordadas sin necesidad de evaluar pérdidas reales, han ganado relevancia especialmente para riesgos ligados a eventos ambientales y pueden extenderse a riesgos de salud cuando se definen detonantes objetivos, por ejemplo, ciertos umbrales epidemiológicos.

Por otro lado, la integración de analítica avanzada, inteligencia artificial y big data están transformando cómo las aseguradoras identifican patrones de riesgo. Estas herramientas permiten evaluar variables sociales complejas como hábitos de salud, correlación entre factores socioeconómicos y vulnerabilidad sanitaria, así como anticipar tendencias emergentes de riesgo.  Este uso de tecnología ayuda a superar algunas limitaciones de los modelos tradicionales, aunque plantea desafíos de privacidad y ética que requieren regulaciones claras y prácticas responsables.

Más allá de productos específicos, el sector asegurador está expandiendo su rol hacia el fortalecimiento de resiliencia social.  A través de iniciativas de inversión responsable, fondos dedicados a infraestructura resiliente (clínicas, sistemas de atención primaria, redes comunitarias de salud) y alianzas público-privadas, las aseguradoras buscan no solo transferir riesgos, sino fortalecer la capacidad de las comunidades para responder a eventos adversos. Este enfoque sistémico aproxima al sector asegurador a una lógica de construcción de resiliencia social, reconociendo que algunos riesgos no son transferibles fácilmente, sino mitigables mediante inversión y colaboración multilateral.

¿Qué papel juegan los intermediarios de seguros (agentes y brokers) en el ámbito de los riesgos de salud y humanos?  Los intermediarios de seguros ocupan un rol estratégico en la cadena de valor, actuando como puente entre los aseguradores y los clientes finales; estos riesgos abren múltiples oportunidades para intermediarios que sepan adaptarse y agregar valor, entre las que destacan:

1. Diagnóstico Integral de Riesgos Humanos

Los intermediarios pueden especializarse en ofrecer diagnósticos integrales de riesgos, que no sólo evalúen la exposición tradicional a accidentes o enfermedades, sino también factores sociales y de bienestar que afectan a empresas y particulares.

Por ejemplo, para clientes corporativos, la evaluación de riesgos puede incluir análisis de condiciones de trabajo, estrés laboral, políticas de inclusión y prácticas de salud mental, generando soluciones de seguros que combinan protección y prevención.

2. Venta de Productos Innovadores y Educativos

A medida que las aseguradoras desarrollan productos más sofisticados (como seguros paramétricos, paquetes combinados de salud y vida, o seguros ligados a métricas de bienestar), los intermediarios pueden convertirse en asesores clave para explicar, empaquetar y adaptar estas soluciones a las necesidades de clientes.

El rol educativo es crucial: muchos riesgos humanos no son intuitivos para los consumidores promedio, por lo que los intermediarios que puedan comunicar estos riesgos y su mitigación con claridad tendrán ventaja competitiva.

3. Facilitadores de Programas de Prevención

Más allá de la venta de pólizas, los intermediarios pueden integrarse como facilitadores de programas de prevención y gestión de riesgos. Por ejemplo, gestionar programas de bienestar corporativo, campañas de vacunación, talleres de educación financiera y salud, o alianzas con proveedores de servicios de salud, posiciona al intermediario como socio estratégico en la gestión integral de riesgo.

4. Especialización en Riesgos Emergentes y Nichos

Los riesgos humanos y de salud generan necesidades especializadas: seguros para grupos de alta vulnerabilidad (adultos mayores, personas con condiciones crónicas), coberturas para trabajadores migrantes, seguros para eventos socio-culturales de alto riesgo, entre otros. Los intermediarios que identifiquen nichos emergentes pueden capturar mercados desatendidos y construir propuestas de valor diferenciadas.

5. Servicios de asesoría en gestión de riesgos

Finalmente, la transición de la venta transaccional de pólizas hacia servicios de asesoría en gestión de riesgos holísticos representa una oportunidad clave. En lugar de limitarse a vender pólizas, los intermediarios pueden ofrecer consultoría estratégica para que las organizaciones entiendan sus exposiciones a riesgos humanos y sanitarios —y cómo mitigarlos con una combinación de seguros, estrategias organizativas y prácticas de resiliencia.

Conclusión

El Global Risks Report del Foro Económico Mundial presenta un panorama mundial de riesgos complejos e interrelacionados, donde los riesgos humanos y de salud, aunque a veces eclipsados por amenazas geopolíticas o ambientales visibles, representan dimensiones profundas de vulnerabilidad social.  La desigualdad, la polarización social, la erosión de derechos humanos y las brechas en sistemas de salud constituyen amenazas que pueden afectar la estabilidad económica y el bienestar colectivo.

El sector asegurador enfrenta retos considerables para modelar y gestionar estos riesgos, requiriendo innovaciones en productos, uso intensivo de datos y colaboraciones multisectoriales.  Al mismo tiempo, estas transformaciones abren oportunidades valiosas para intermediarios de seguros que se posicionen como asesores estratégicos en la gestión integral de riesgos, como creadores de soluciones adaptativas y resilientes.

En última instancia, abordar los riesgos humanos y de salud del siglo XXI exige enfoques que vayan más allá de mecanismos financieros tradicionales, involucrando inversiones en resiliencia social, educación, prevención y un diálogo colaborativo entre aseguradores, intermediarios, gobiernos y la sociedad civil.

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