Pensar: el ejercicio 15

genuario@elasegurador.com.mx
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Por: Genuario Rojas

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Pensar no es algo a lo que mucha gente le dedique tiempo de manera proactiva, ya sea por inconsciencia o por considerar perdido ese tiempo, debido a la falta de práctica o ignorancia acerca de cómo hacerlo de manera creativa y productiva.

De ahí que me llamara la atención el ejercicio 15 de un libro escrito por Edward de Bono y editado por Paidós Plural, titulado “Cómo atraer el interés de los demás: técnicas para desarrollar la capacidad de comunicación”.

La obra contiene 74 ejercicios, todos ellos simples y sencillos y que, por lo mismo, dan ganas de pasar por alto. El autor advierte, sin embargo, que si se omite hacerlos se perderá la mitad de los beneficios posibles.

El ejercicio 15 nos conduce por un mundo de posibilidades y, de ejecutarse, sólo pide una pluma o lápiz y una hoja de papel; incluso sería suficiente una servilleta de papel, mientras nos tomamos una taza de té, café, chocolate.

Pero, ¿qué nos dice el ejercicio 15? Lo siguiente:

“Imagina que todas las personas tuvieran la pierna izquierda 15 centímetros más corta que la derecha.

“Por supuesto”, prosigue, “lo podríamos compensar llevando un zapato ortopédico en la pierna más corta”.

El autor, advierte: “Sin embargo, este ejercicio no trata de la compensación sino de visualizar las actividades cotidianas si este cambio tuviera lugar”.

Enseguida, De Bono nos invita a visualizar distintos aspectos de la conducta y a anotar lo que veamos cuando desarrollemos dicho escenario en la mente.

¿Puedes hacer, ahora, un alto en la lectura, tomar esa pluma o lápiz, una hoja de papel, y anotar algunas respuestas?

Lo más probable, admite el escritor, es que obviemos y demos vuelta a la página para conocer algunas respuestas que él propone, a pesar de haber dejado un espacio en blanco para escribir lo que todos y cada uno de  nosotros pudiéramos anotar.

En el fondo, es probable que no estemos conscientes de la necesidad de ser interesantes,a pesar de que ser interesantes abre puertas y las mantiene abiertas, en cualesquiera actividades que nos desempeñemos.

Podríamos decir que el interés resulta fundamental, nos dediquemos a lo que nos dediquemos. En el mundo de las ventas, el interés forma parte del famoso AIDA: Atención, Interés, Deseo y Acción.

¿Cómo es que optamos por dejar de lado -por lo menos algunos, si no es que muchos- alimentar el interés a la hora de comunicarnos con los demás, sin importar, casi, la intención que nos lleva a querer comunicarnos?

El ejercicio 15 es susceptible de ser hecho de manera solitaria o incluso en grupo y, lo apuesto, seguro que no sólo generaría múltiples ideas, sino que terminaríamos todos, como se dice coloquialmente, muertos de risa.

Hace apenas unos cuantos días veía un video de una persona que tenía una pierna más corta que la otra, mucho más allá de los 15 centímetros que cita el ejercicio. Qué manera de bailar del hombre que tenía esas características.

Y es que su manera de bailar era bella, emocionante, inspiradora, sobre todo, imagino para aquellos que, como yo, tenemos, como se dice vulgarmente, dos pies izquierdos a la hora de verse en la posición de tener que bailar.

Como en todos y cada uno de los ejercicios, aunque el autor invita a no adelantarse, se anotan algunas respuestas sugeridas, que, sin duda, son apenas algunas de las muchas que solos o en grupo podemos poner en un listado.

Algunas respuestas sugeridas

·         Deportes como el futbol resultarían difíciles

·         Habría problemas con el pedal del acelerador o del freno

·         Se dificultaría andar en bicicleta: incluir un pedal más largo no funcionaría

·         Habría nuevos bailes con muchos más movimientos en el cuerpo

·         Bailar cara a cara sería difícil, porque las parejas se balancearían en direcciones opuestas

·         Las patinetas serían mucho más fáciles de usar: crecería la demanda

·         Los boxeadores tendrían un objetivo más engañoso

¿En qué pensamos al hacer el ejercicio? Lo comentado: una pérdida de tiempo, para muchos.

No obstante, en busca de una diferencia competitiva, de una solución a problemas eventuales o recurrentes, detenerse a pensar es más que necesario.

Pero, nos negamos la oportunidad de pensar y, sobre todo, de modificar una idea o de plano cambiarla por otra.

Un ejemplo de negocios

Hace unos meses, un matrimonio decidió abrir un negocio de comida en una zona en la que las personas suelen cuidar su alimentación. La inversión en el negocio era evidente. Entré a ese restaurante un par de ocasiones.

A pesar de que ese negocio estaba bien presentado, pocas personas se atrevían a entrar dos veces. Vendían quesadillas y memelas en extremo grasosas. Tanto que uno salía oliendo a aceite con sólo unos cuantos minutos de estar en el lugar.

El restaurante siguió así durante un tiempo, hasta que cerró. No se volvió interesante para la gente, nunca hubo una decisión de adaptar el negocio al interés de los clientes potenciales.

Enfrente de ese lugar, ese matrimonio tiene una barbería que sufre de los mismos males. Se cambian letreros, se pinta el mobiliario.., pero el negocio no da visos de crecer, de desarrollarse.

Es común ver al hombre sentado en uno de los sillones, viendo hacia el negocio nuevo que otros pusieron en el mismo lugar que el restaurante de las quesadillas y memelas, negocio nuevo que rebosa de clientes que consumen, por persona, varias veces más que por lo que hubieran gastado en el negocio que cerró.

¿Pensar es perder el tiempo?

Si el autor de la obra aquí citada incluyó 74 temas para desatar el interés, nosotros, usted, yo, podemos hacer lo mismo, dejando de lado la idea de que si los demás no compran, no se afilian a una asociación, no se suman a un proyecto, es porque no entienden ellos.

El interés es un factor crítico para crecer, evolucionar. ¿De qué manera puede cada uno de nosotros encontrar nuevas ideas, si no nos detenemos a pensar, solos o acompañados?

Las opiniones expresadas en los artículos firmados son las de los autores y no reflejan necesariamente los puntos de vista de El Asegurador.

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