Lic. Raúl Sahagún Brunet CEO GSMEXICO
La Inteligencia Artificial llegó a los seguros… ¿Y ahora qué?
Que levante la mano a quien no le suene a película de ciencia ficción eso de la “Inteligencia Artificial” (IA). Pues, ¡agárrense de sus portafolios!, porque esta tecnología ya no es cosa de robots que se apoderan del mundo, sino una realidad que está tocando la puerta de nuestro sector asegurador en México. Y sí, nos toca a nosotros, los agentes que peinamos canas (o ya ni eso), con nuestros bien plantados 56 años en promedio, entenderle al relajo.
Que no cunda el pánico. No se trata de que un robot nos quite la chamba, sino de tener un nuevo “chalán” superdotado. Analicemos los pros y los contras de subirnos a este tren tecnológico, sin que nos deje en la estación.
Los Pros: ¡Échale más datos a la carnita asada!
Imagínate esto: en lugar de pasar horas buscando al cliente ideal, un asistente virtual te dice: “Jefe, aquí está Don Pepe, de 50 años, con dos hijos en la universidad, que acaba de buscar en internet ‘seguro educativo’. ¡Háblele ahora!”. Eso es la IA: un imán de prospectos calificados.
Además, nos ayuda a ser más certeros que un penal bien tirado. Con la IA, podemos analizar un montón de datos para ofrecerle a Doña Lupita el seguro de gastos médicos perfecto para sus necesidades, casi como si le leyéramos la mente. Se acabaron los planes “cuadrados”; hola a las pólizas “con nombre y apellido”.
Y ni hablar del papeleo y las tareas repetitivas. ¿Enviar recordatorios de pago? ¿Agendar citas? ¿Dar seguimiento? ¡Que lo haga la máquina! Así, nosotros nos dedicamos a lo que mejor sabemos hacer: tomar un café con el cliente, entender sus miedos y sueños, y darle la tranquilidad que solo un agente de carne y hueso puede ofrecer.
Los Contras: ¿Y cómo se come eso?
Claro que no todo es miel sobre hojuelas. El primer “pero” es el miedo al cambio. A nuestra edad, la tecnología a veces nos parece más complicada que armar un mueble de esos suecos. ¿Aprender a usar nuevas plataformas? ¡Qué flojera!
Luego está la inversión. Algunas de estas herramientas no son precisamente baratas, y uno se pregunta: “¿Y si no me funciona?”. Es una apuesta que, como buenos agentes, debemos evaluar.
Y el más importante: el toque humano. Una máquina, por muy lista que sea, jamás podrá replicar la empatía, la confianza y el apapacho que le damos a nuestros asegurados en un momento difícil. Corremos el riesgo de “robotizar” nuestro servicio si nos apoyamos demasiado en la tecnología y nos olvidamos de la persona.
El As bajo la manga: ¡Que entre la Promotoría!
Aquí es donde nuestra querida Promotoría se vuelve la heroína del cuento. Ellos no pueden quedarse de brazos cruzados. Su papel es fundamental para que no nos quedemos atrás.
Una buena Promotoría debe ser nuestro “traductor” tecnológico. ¿Hay una nueva herramienta de IA? ¡Que nos la expliquen con peras y manzanas! Que nos den cursos prácticos, sin tanto rollo técnico, enfocados en cómo nos va a ayudar a vender más y mejor.
Deben ser nuestro centro de pruebas. Que investiguen qué herramientas valen la pena, que negocien precios especiales para su equipo y que nos ofrezcan soporte técnico “para mortales”. Su chamba es darnos el coche, enseñarnos a manejarlo y asegurarse de que tengamos gasolina para el camino.
En resumen, colegas, la Inteligencia Artificial no es el enemigo. Es una herramienta poderosa que, bien usada y con el respaldo de una Promotoría comprometida, puede convertirnos en agentes biónicos: con la sabiduría de la experiencia y la velocidad de la tecnología. Así que, a perderle el miedo y a preguntarle a nuestra Promotoría: “Bueno, ¿y para cuándo el curso de IA?”. ¡A renovarse o morir, pero siempre juntos!