Las organizaciones enfrentan un punto de inflexión: gestionar los riesgos de manera aislada ya no es opción si se quiere proteger la productividad, la rentabilidad y la sostenibilidad del negocio. Así lo advirtió Marsh en su informe People Risk 2026, en el cual señala que los riesgos -desde ciberseguridad hasta psicosociales- deben abordarse de forma integral, involucrando a todas las áreas y alineando su gestión con indicadores clave como rotación, engagement y cumplimiento normativo.
En conferencia de prensa, Ariel Almazán, líder de Consultoría de Riesgos en Salud para Marsh Latinoamérica y el Caribe, subrayó que la gestión de riesgos debe evolucionar hacia un enfoque transversal y dinámico. “Hoy ya no podemos gestionarlos de manera individual, tenemos que hacerlo de manera integral y alinearlo con indicadores clave relacionados con la sostenibilidad del negocio”, afirmó. Además, advirtió que los riesgos no son estáticos: cambian con el contexto económico, social y tecnológico, por lo que las organizaciones deben evitar estrategias rígidas y anticipar nuevas amenazas, incluidas las derivadas de la inteligencia artificial o incluso fenómenos emergentes como la soledad laboral.
En paralelo, el deterioro de las condiciones laborales está configurando un entorno propicio para el desgaste profesional. Al respecto, Víctor García, subdirector de Consultoría en Salud y Analítica, explicó que la combinación de altas cargas de trabajo, jornadas extensas y falta de control constituye “el mix perfecto” para detonar burnout, fenómeno que ya es reconocido como enfermedad profesional. “No es un tema individual, es el resultado de condiciones laborales sostenidas que impactan directamente en la productividad y eficiencia”, puntualizó. Pese a ello, apenas 14 por ciento de las organizaciones está gestionando activamente este riesgo.
Frente a este escenario, los especialistas enfatizaron que las soluciones deben ir más allá de iniciativas aisladas de bienestar. La evidencia apunta a que las estrategias más efectivas son las preventivas, como programas de intervención temprana, reintegración laboral y rediseño de condiciones de trabajo. “Hablar de salud mental no es solo implementar programas o beneficios; implica atacar las causas estructurales”, concluyó García. El desafío, coincidieron, es claro: sin una gestión integral y preventiva de los riesgos, será difícil sostener el desempeño y la resiliencia organizacional en el tiempo.