¿Cuántas veces dijiste “te busqué la mejor opción” esta semana?

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Por: Raymundo Chapa, CEO y cofundador de SeguTrends

Cuenta. En serio — cuenta.

¿Cuántas veces le dijiste tú o uno de tus empleados a un cliente esta semana “te busqué la mejor opción”? ¿Tres? ¿Cinco? ¿Diez?

Ahora cuenta otra cosa: ¿en cuántas aseguradoras cotizaste antes de decirlo?

Si la respuesta es 2 o 3, entonces la frase más importante de tu práctica profesional (la que sostiene la confianza de tu cliente, la que te diferencia de un comparador de internet, la que justifica que te paguen una comisión) no es verdad.

No te estoy diciendo que le hayas mentido. Tú crees genuinamente que le buscaste lo mejor. Lo hiciste con la experiencia que tienes, con las aseguradoras que manejas, con el tiempo que te da el día. El problema no es tu intención. Es que revisaste una fracción del mercado y le dijiste que era todo.

El número que cambia la frase

Desde SeguTrends vemos los patrones de miles de cotizaciones de autos que se procesan diariamente. Y hay un dato que, una vez que lo ves, ya no puedes dejar de ver.

Cuando un agente cotiza en 2 o 3 aseguradoras, la diferencia entre la más cara y la más barata está entre el 15% y el 20%. Se siente razonable. El agente ve opciones parecidas, el cliente elige, y todos contentos.

Pero cuando se compara en 6 o más aseguradoras (mismo auto, mismo modelo, mismo perfil de conductor) las diferencias llegan hasta un 60%.

Eso significa que por cada cotización donde presentaste 3 opciones, potencialmente existía una que costaba casi la mitad. Y tú cliente no la vio. No porque no existiera, sino porque tú no llegaste hasta ahí.

Y después de presentar esas 3 opciones, le dijiste: “te busqué la mejor opción”.

¿Puedes decir eso con la mano en alto?

Lo que tu cliente nunca te va a decir

Hay algo que necesitas saber sobre cómo funciona la confianza de tu cliente: no se rompe con un anuncio. Se rompe en silencio.

Cuando tu cliente descubre (por otro agente, un conocido o internet) que existía una opción significativamente mejor que la que tú le presentaste, no te llama para reclamarte. No te dice “me mentiste.” No te da la oportunidad de explicar.

Simplemente deja de contestarte.

Y lo que piensa no es “encontré un precio más bajo”. Lo que piensa es: “mi agente me dijo que había buscado lo mejor y no era cierto”.

Fíjate bien en eso. No está evaluando un precio. Está evaluando tu palabra. Tu competencia profesional. Tu honestidad.

Y ese juicio no se queda en esa póliza. Un cliente que deja de confiar en ti para su auto deja de confiar en ti para todo lo demás. Para su GMM. Para su casa. Para su vida. No lo anuncia, sólo se va y se lleva consigo cada referido que hubiera generado en los próximos cinco años.

Lo más duro de esto es que la mayoría de los agentes a los que les pasa nunca saben exactamente por qué. El cliente simplemente desaparece y el agente se queda pensando que “los clientes ya no son leales” cuando en realidad el cliente fue perfectamente leal hasta que descubrió que la frase que lo mantenía ahí no tenía fundamento.

La diferencia no es talento, es fundamento

Si cotizar en más aseguradoras tomara el mismo tiempo, lo harías sin pensarlo. Lo sabes. El límite no es tu voluntad ni tu conocimiento del mercado, es que cotizar en seis aseguradoras manualmente toma entre 40 y 45 minutos, siempre y cuando no existan interrupciones. Y la vida no te da para eso en cada cotización.

Pero eso no cambia el hecho. La frase sigue sin ser verdad y tu cliente sigue confiando en ella.

Cuando analizamos los patrones de agentes que retienen más y cierran consistentemente, el patrón es claro: no son los que tienen más carisma ni los que llevan más años. Son los que, cuando dicen “te busqué la mejor opción,” pueden demostrarlo. Presentan un rango amplio (desde la más accesible hasta la más completa) y el cliente ve que su agente realmente recorrió el mercado por él.

Ese cliente no tiene razón para buscar en otro lado. No se va por 500 pesos. No se va por una oferta de internet. Se queda, renueva, refiere. Porque la frase que escuchó era verdad y eso se siente diferente.

Lo que ya no puedes ignorar

A partir de hoy, cada vez que digas “te busqué la mejor opción,” vas a saber si es verdad o no. Ya no es una frase automática, es una pregunta que te vas a hacer antes de decirla.

Y esa pregunta es incómoda porque la respuesta no depende de cuánto te esfuerces ni de cuántos años lleves en esto. Depende de si tu proceso te permite respaldar lo que tu boca promete.

El agente que puede decir esa frase con la mano en alto, con el fundamento para sostenerla no está compitiendo por precio. Está compitiendo por algo que ningún competidor le puede quitar: la certeza de su cliente de que está con alguien que realmente hizo el trabajo.

Lo que esto abre

Pero aquí viene lo que pocos ven.

“Te busqué la mejor opción” es sólo una de las frases que dices todos los días. Hay otras: “Estás bien protegido”. “Tienes la cobertura que necesitas”. “No te preocupes, yo me encargo”.

¿Cuántas de esas frases puedes sostener con la mano en alto? ¿Cuántas has examinado realmente? ¿Cuántas son promesas que heredaste del gremio y que repites porque siempre se han dicho así?

Hay un inventario completo de cosas que le prometes a tu cliente todos los días. Cada una es un punto de confianza o un punto de riesgo. Y la diferencia entre los dos es si tienes el fundamento para respaldarla.

El agente que empieza a examinar sus propias promesas descubre algo que no esperaba: no necesita un discurso nuevo. Necesita que el que ya tiene sea verdad.

Las opiniones expresadas en los artículos firmados son las de los autores y no reflejan necesariamente los puntos de vista de El Asegurador.

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