Por: Roberto Shoji Luna Nakachi, Director General del Instituto Mexicano Educativo de Seguros y Fianzas, A. C.
Mucho se ha discutido sobre la profesionalización de quienes participan, desde diversos frentes, en el sector asegurador. Distintos modelos se han llevado a la práctica con resultados mixtos. En el artículo anterior hablé sobre la necesidad de estandarizar o materializar de forma coordinada los esfuerzos que lleven al sector asegurador (así como al sector afianzador) a otro nivel respecto a la capacitación y formación de talento. Entre las conclusiones están el establecimiento de un sistema de formación continua obligatorio, la creación de un indicador sectorial respecto a la inversión en capacitación, el fortalecimiento de la educación universitaria especializada, la ampliación de programas dirigidos al sector afianzador y, finalmente, fomentar los incentivos fiscales cuya finalidad sea aumentar la inversión en la capacitación sectorial.
El sector asegurador global atraviesa una transformación sin precedentes. La convergencia de tecnologías disruptivas, nuevos marcos regulatorios, riesgos emergentes y cambios en las expectativas del consumidor está redefiniendo no solo los productos y modelos de negocio, sino también las competencias que requieren los profesionales del sector. Según Swiss Re, se proyecta un crecimiento real promedio de primas del 2,6% para el período 2025-2026, un dato que, si bien refleja solidez, oculta una profunda reconfiguración interna de la industria. Para hacerle frente a este entorno, se abordarán las principales tendencias emergentes que están moldeando el futuro del seguro a nivel mundial y, de manera particular, identifica las nuevas competencias que los agentes e intermediarios de seguros deben desarrollar para mantenerse relevantes en un ecosistema cada vez más digital, complejo y centrado en el cliente.
Hablemos en primer lugar de las tendencias tecnológicas, la inteligencia artificial (IA) como eje central. La adopción de inteligencia artificial generativa (GenAI) ha pasado de la fase piloto a la implementación a escala. Deloitte estima que las analíticas de fraude en tiempo real basadas en IA podrían ahorrar a las aseguradoras de daños hasta 160,000 millones de dólares para 2032 . Aseguradoras como AIG ya colaboran con empresas de IA como Anthropic para desarrollar asistentes de suscripción automatizados.
El concepto de “IA agéntica” (sistemas autónomos capaces de clasificar documentos, preparar propuestas y gestionar reclamaciones sin intervención humana) representa el siguiente salto evolutivo. Sin embargo, existe una brecha significativa entre intención y ejecución: mientras el 98% de las agencias planean inversiones en IA para 2026, solo el 7% de las aseguradoras han logrado escalar exitosamente estas tecnologías.
Otra tendencia tecnológica es la Internet de las cosas (IoT) y analítica geoespacial. El uso de drones para inspecciones de techos, imágenes satelitales para evaluación de catástrofes y sensores IoT para monitoreo de riesgos en tiempo real en líneas de automóviles y propiedad está transformando la suscripción y la gestión de siniestros. Estas tecnologías permiten una evaluación de riesgos más precisa y una respuesta más ágil ante eventos catastróficos.
Por último, en esta categoría de tendencias tecnológicas están el blockchain y los contratos inteligentes. La tecnología blockchain está madurando particularmente en el ámbito de los seguros paramétricos y el procesamiento descentralizado de reclamaciones, donde los contratos inteligentes permiten pagos automáticos cuando se cumplen condiciones predefinidas, eliminando la fricción administrativa.
En segundo lugar, hablaremos de las tendencias de productos y las nuevas fronteras del aseguramiento. Como ejemplo tenemos a los seguros paramétricos (que pagan automáticamente al verificarse un evento medible como un terremoto de cierta magnitud o una precipitación que excede un umbral) están experimentando un crecimiento acelerado. El segmento de catástrofes causadas por fenómenos naturales representa aproximadamente el 65% del mercado paramétrico , y se proyecta que el mercado global alcanzará los 40,600 millones de dólares para 2033, con una tasa de crecimiento anual compuesta del 9.9%. Un ejemplo adicional de esta categoría de tendencias son los seguros integrados (embedded insurance); estos se incorporan directamente en el punto de venta de otros productos y servicios, representan quizás la tendencia de distribución más disruptiva. Se proyecta que este mercado crecerá de 143,880 millones de dólares en 2025 a 176,350 millones en 2026, con perspectivas de superar los 1.4 billones de dólares para 2035. Este modelo desafía directamente el rol tradicional del intermediario al eliminar la necesidad de un asesor en el momento de la compra, sin embargo, cada día se crean distintas formas de distribución de estos seguros donde el agente sigue siendo clave como asesor especializado. Asimismo, podemos mencionar a los ciberseguros; con el aumento de las tensiones geopolíticas y la sofisticación de los ciberataques, el mercado de ciberseguros se proyecta entre 30,000 y 50,000 millones de dólares para 2030. La complejidad técnica de estos productos (que cubren investigaciones forenses, costos legales y recuperación de datos) exige un conocimiento especializado que pocos intermediarios poseen actualmente. Finalmente, otro ejemplo son los microseguros. En mercados emergentes de África, Asia y América Latina, los microseguros se expanden a través de plataformas de dinero móvil, alcanzando un tamaño de mercado de aproximadamente 98,800 millones de dólares en 2025, donde las plataformas digitales controlan el 35.4% de los flujos.
La tercera categoría son las tendencias regulatorias. Es importante destacar que no solo se refieren al marco normativo nacional o interno, sino al sistema internacional creado por diversos actores, principalmente públicos, en el que se llegan a acuerdos que luego se ven reflejados, ahora sí, en el ámbito nacional. El primer ejemplo es el open insurance que es impulsado por la regulación FIDA (Financial Data Access) de la Unión Europea y marcos similares en Brasil y México, el concepto de “open insurance” busca democratizar el acceso a datos del sector, permitiendo mayor competencia, personalización y portabilidad para el consumidor. Su adopción, sin embargo, es desigual: avanzada en Europa y América Latina, pero fragmentada en Estados Unidos y partes de Asia.
Un ejemplo más son los criterios ASG (Ambientales, Sociales y de Gobernanza), así como el riesgo climático. La Asociación Internacional de Supervisores de Seguros (IAIS) reporta que los supervisores están exigiendo cada vez más análisis de escenarios climáticos y planes de transición obligatorios. Las aseguradoras deben integrar criterios ambientales, sociales y de gobernanza en sus decisiones de suscripción e inversión, lo que genera demanda de profesionales con conocimientos en sostenibilidad.
Otro ejemplo de las tendencias regulatorias son la implementación plena de la IFRS 17 y la IFRS 9, ya que constituye un foco operativo central para 2025-2026, mientras que el Pilar Dos del impuesto mínimo global de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) exige las primeras declaraciones para junio de 2026. Ambos marcos incrementan la complejidad técnica y la necesidad de profesionales con formación contable y regulatoria avanzada.
La categoría de tendencias de mercado se refiere a la consolidación y nuevos modelos de distribución. El mercado de daños muestra señales de suavización tras años de endurecimiento, lo que generará presión sobre márgenes. Simultáneamente, la consolidación de corredores se acelera y las aseguradoras migran hacia modelos de ingresos basados en honorarios, un mercado estimado en 49,500 millones de dólares para 2030. En el ramo de vida, las altas tasas de interés continúan impulsando ventas récord de anualidades, superando los 400,000 millones de dólares en Estados Unidos en 2024.
La última categoría de tendencias se refiere a las nuevas competencias para agentes e intermediarios de seguros. Las tendencias descritas configuran un nuevo perfil profesional para el agente e intermediario de seguros. La transformación no es opcional: el 68% de las aseguradoras identifican la analítica de datos como la principal brecha de habilidades, y el 55% reportan que la falta de experiencia en IA obstaculiza su transformación. Sobre el primer ejemplo, mencionaremos a las competencias digitales, la alfabetización en IA generativa y agéntica. Los agentes deben transitar de “tener IA” a “integrar IA en el núcleo” de su operación. Esto implica saber utilizar asistentes de conocimiento potenciados por IA que, según BCG, generan un incremento de productividad del 30%. No se trata de programar algoritmos, sino de saber formular consultas, interpretar resultados y supervisar las recomendaciones automatizadas. Adicionalmente, se requiere de la analítica de datos avanzada, es decir, la capacidad de utilizar insights en tiempo real para mejorar la conversión y personalizar la experiencia del cliente es ahora una competencia fundamental, no un diferenciador. Asimismo, cabe destacar la gestión a través de sistemas Customer Relationship Management (CRM) ya que el dominio de sistemas CRM integrados permiten una experiencia consistente a través de redes sociales, mensajería, correo electrónico y videoconferencia que es indispensable para el agente moderno. Como ya se mencionó, se requieren de competencias técnicas especializadas:
- Ciberseguros: comprender investigaciones forenses, marcos legales de protección de datos, costos de recuperación y la evaluación de vulnerabilidades tecnológicas de los clientes.
- Seguros Paramétricos y Riesgo Climático: conocer los disparadores basados en datos (temperatura, precipitación, actividad sísmica) y saber asesorar a clientes corporativos sobre gestión de riesgos climáticos.
- Criterios ASG y Sostenibilidad: habilidades en estrategia ASG, planificación Net Zero y estándares GRI para asesoría corporativa. A medida que más empresas requieren coberturas alineadas con sus compromisos de sostenibilidad, el intermediario que domine este lenguaje tendrá una ventaja competitiva significativa.
Destacadas son las habilidades blandas y la evolución del rol que tiene el agente. Podemos destacar la asesoría consultiva. Deloitte describe la transición del “discurso de ventas” a las “conversaciones centradas en valor”. El agente se convierte en el “borde humano” (el diferenciador que aporta empatía, juicio contextual y confianza en un modelo híbrido donde la IA gestiona las tareas rutinarias). La gestión de la interacción híbrida humano-digital. La Life Insurance Marketing and Research Association (LIMRA) identifica una tensión permanente entre la digitalización y el deseo del consumidor de interacción humana. El agente exitoso será aquel que sepa cuándo intervenir personalmente y cuándo delegar en herramientas digitales, adaptándose a las preferencias regionales y generacionales de sus clientes. Por otro lado, la inteligencia emocional y la experiencia del cliente son fundamentales en un entorno donde los productos se convierten en un producto genético y la IA puede cotizar en segundos, la capacidad de construir relaciones de confianza a largo plazo, gestionar expectativas durante siniestros y ofrecer acompañamiento genuino se convierte en el activo más valioso del intermediario o agente. Finalmente, es indispensable hablar sobre la brecha de talento y el imperativo de la recapacitación o reskilling. Solo el 42% de los empleados del sector se sienten adecuadamente capacitados en ciberseguridad , y la brecha se amplía en competencias de IA y analítica. Sin embargo, la evidencia muestra que la inversión en recapacitación genera retornos concretos: el reskilling de corredores ha demostrado incrementar los ingresos por asociaciones en un 21%.
Instituciones como LIMRA/LOMA han lanzado programas como el “AI Leadership Experience” en colaboración con Wharton Executive Education señalando que la formación en liderazgo tecnológico ya no es exclusiva de ejecutivos corporativos sino necesaria para intermediarios que aspiran a la excelencia.
La nueva función del agente del futuro será un profesional híbrido. El agente e intermediario de seguros del futuro no será reemplazado por la tecnología, pero sí será radicalmente diferente al de hoy; será un profesional híbrido que combine:
- Dominio tecnológico: capacidad de operar con herramientas de IA, interpretar datos y gestionar plataformas digitales.
- Especialización técnica: conocimiento profundo en al menos un área emergente (ciber, paramétrico, ASG, embedded).
- Excelencia relacional: habilidades consultivas, inteligencia emocional y capacidad de generar confianza en un entorno donde la interacción humana es un privilegio, no un defecto.
- Adaptabilidad regulatoria: comprensión de marcos como IFRS 17, open insurance y normativas ASG que afectan directamente la asesoría al cliente.
Como conclusiones podemos señalar que el sector asegurador global se encuentra en un punto de inflexión donde la velocidad del cambio tecnológico, regulatorio y de mercado exige una reinvención profesional profunda. Para los agentes e intermediarios, este momento representa simultáneamente una amenaza existencial y una oportunidad extraordinaria. Quienes inviertan en desarrollar competencias digitales, se especialicen en productos emergentes y perfeccionen su capacidad de asesoría consultiva no solo sobrevivirán a la disrupción, sino que se posicionarán como actores indispensables en un ecosistema donde la confianza humana y el juicio experto siguen siendo irreemplazables.
La clave no reside en competir con la tecnología, sino en complementarla: ser el puente inteligente entre algoritmos cada vez más sofisticados y clientes que, ante la complejidad creciente de los riesgos que enfrentan, necesitan más que nunca un asesor de confianza que hable su idioma y comprenda su realidad.