El error de automatizar el primer “hola”

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Por: Sergio F. Esquivel | Estratega Digital

Hace unas semanas un asesor me contó, casi orgulloso, que ya tenía un bot contestando sus mensajes de WhatsApp e Instagram. “Ya no se me escapa ni un prospecto”, me dijo. Le pregunté qué cuál era el beneficio real que le daba el que sea el bot quien tiene el primer contacto con la gente. Se quedó callado. No lo sabía con exactitud.

Ahí está el problema.

No se trata de si automatizar está bien o mal. Se trata de que automatizó justo la parte del proceso que en seguros no se debe improvisar: el primer contacto.

Esto pasa seguido con la tecnología. En cuanto algo nuevo se pone de moda, lo metemos al negocio casi por reflejo, sin preguntarnos si de verdad nos va a ayudar o nos va a perjudicar. Y en este caso, viendo cómo reaccionan los prospectos cuando les contesta un bot, creo que el riesgo de que perjudique es mucho más alto que el de que ayude.

Llevamos años hablando de automatizar todo lo posible. Recordatorios, confirmaciones de cita, respuestas a preguntas frecuentes… ahí tiene sentido. Pero el “hola” inicial de un prospecto que apenas está decidiendo si confía en ti, no es una tarea operativa. Es el momento exacto donde se construye o se destruye la confianza que después va a sostener toda la venta.

Y aquí hay algo que muchos asesores pasan por alto: cuando un prospecto te escribe, sobre todo si te encontró en redes sociales, ese mensaje ya es una señal. Es su forma de decirte, sin usar esas palabras, “podría confiar en ti”. 

La confianza es el activo más importante que tiene un asesor de seguros, más que el producto, más que el precio. Sin confianza no hay venta, por más buena que sea tu asesoría. Y esa confianza no aparece de golpe: se construye paso a paso, y ese primer paso suele ser el más importante de todos. Automatizarlo con un bot genérico rompe justo el vínculo que apenas se estaba formando.

Y aquí seguros tiene una particularidad que otros negocios no tienen: nadie escribe “hola, quiero información sobre un seguro” nada más por curiosidad. Escribe porque algo le preocupa. Un diagnóstico reciente. Un accidente. Un hijo que se va a estudiar fuera. Ese primer mensaje casi nunca es sobre el producto. Es sobre el miedo que hay detrás del producto.

Si lo primero que recibe es un menú de opciones genérico, con emojis y tres botones que no tienen nada que ver con lo que preguntó, esa persona no está sintiendo que habló con un bot torpe. Está sintiendo que a nadie le importó lo que dijo. Y en un negocio que se vende por confianza, eso no se arregla después con una campaña de anuncios más grande.

Meta, sin proponérselo, acaba de poner este tema en el centro de la conversación. En junio lanzó Meta Business Agent, un asistente de IA que contesta preguntas del negocio, recomienda productos de tu catálogo, agenda citas, califica prospectos, decide cuándo meter a una persona y hasta puede cerrar la venta, todo dentro de WhatsApp, Instagram y Messenger. 

Durante julio lo dejaron usar gratis para que todos lo probaran. El primero de agosto, hace apenas unas semanas, empezó a cobrar: dos dólares por cada millón de tokens, algo así como cuatro o cinco centavos de dólar por conversación completa. Y en octubre viene la segunda vuelta de tuerca: ya no habrá forma gratuita de responder un mensaje dentro de esa ventana de 24 horas, ni con IA, ni con una persona, ni con una plantilla.

Lo que me preocupa no es que ahora cueste dinero. Es lo que muchos van a hacer para “que valga la pena lo que están pagando”: van a dejar que el bot conteste todo, incluido lo que nunca debió contestar. Porque cuando ya estás pagando por conversación, la tentación de estirar el bot hasta el límite es enorme.

Un bot puede recomendarte tenis según tu talla o confirmarte un vuelo sin que nadie sienta que perdió algo humano en el camino. Pero cuando alguien te escribe porque a su papá le acaban de detectar algo y quiere saber si su póliza lo cubre, no está buscando una respuesta rápida. Está buscando que alguien le diga “te entiendo” antes de darle cualquier dato.

He escuchado a varios asesores defender su bot diciendo que “responde en segundos” y que “eso es lo que la gente quiere hoy”. Y sí, la velocidad importa. Pero hay una diferencia enorme entre responder rápido y responder bien. Un mensaje automático que llega en tres segundos y no resuelve nada, no es velocidad: es una forma elegante de ignorar a alguien.

Lo que sí funciona, y lo he visto de cerca, es usar la automatización donde de verdad ahorra tiempo sin sacrificar el momento que importa. Recordatorios de pago, confirmaciones de renovación, respuestas a “¿cuáles son tus horarios?” o “¿tienen oficina en tal ciudad?”. Todo eso se puede automatizar sin que nadie sienta que le faltaste al respeto. Lo que no puedes delegar es la primera conversación real, la que decide si ese prospecto sigue escribiendo o cierra el chat para siempre.

Vas a poder pagarle a Meta para que conteste por ti. Eso ya es un hecho, y en unos meses ni siquiera vas a tener la opción de no pagarlo. Lo que no vas a poder comprar de vuelta es la confianza que se rompió en ese primer mensaje, la que ese prospecto nunca te dio una segunda oportunidad de ganarte.

Las opiniones expresadas en los artículos firmados son las de los autores y no reflejan necesariamente los puntos de vista de El Asegurador.

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