Pensemos en una pyme que acaba de sufrir una inundación, donde el agua alcanzó el local, dañó equipos, mercancía e infraestructura y dejó al negocio sin posibilidad de operar. En el modelo tradicional, comienza entonces un proceso de inspecciones, documentación, evaluación y validación que puede prolongarse mientras el negocio espera conocer cuánto recibirá y cuándo podrá disponer del dinero. Para una empresa pequeña, esperar un periodo largo de tiempo puede representar la diferencia entre recuperarse o desaparecer.
En 2022, un sensor instalado junto al río Chater, en Reino Unido, detectó que el nivel del agua había alcanzado el umbral establecido en una póliza contra inundaciones de la aseguradora paramétrica FloodFlash. Tres horas y cincuenta minutos después, el asegurado había recibido el pago. No hubo una inspección en sitio ni un liquidador que tuviera que verificar los daños antes de activar la indemnización.
Este caso muestra algo que hasta hace poco parecía difícil de imaginar en el paradigma tradicional de la industria de seguros, en el que la confianza necesaria para pagar un siniestro puede trasladarse, en determinadas coberturas, de una persona a una condición objetiva y previamente acordada. Si el agua alcanza cierta profundidad, se activa el pago. El siniestro y su liquidación prácticamente ocurren al mismo tiempo.
La importancia de este cambio va mucho más allá de la velocidad, ya que, según cifras citadas por FloodFlash, cerca del 40 por ciento de las pequeñas empresas no vuelve a abrir después de una inundación catastrófica.
En esos casos, recibir una indemnización cuando todavía puede utilizarse para reparar instalaciones, reponer inventario o mantener la operación puede marcar una diferencia económica que trasciende a la propia aseguradora y al asegurado.
El seguro Paramétrico demuestra que la tecnología ya permite automatizar una parte crítica de la relación entre una compañía y su cliente. Pero existe una segunda pregunta: ¿qué ocurre después de que el sistema determina que hay que pagar?
De poco sirve que un sensor detecte el evento en segundos si la indemnización termina dependiendo de procesos manuales, archivos, horarios bancarios o integraciones fragmentadas para llegar al beneficiario.
La automatización debe recorrer todo el camino, desde la detección del evento hasta la dispersión y conciliación del dinero. Con una infraestructura de pagos basada en API, el disparo automático puede convertirse también en una transferencia rápida, trazable y sin depender de procesos manuales.
Esta lógica también puede aplicarse a otros procesos de alto volumen dentro de la industria, con siniestros de autos y salud, reembolsos o pagos recurrentes requieren cada vez menos intervención manual para ser evaluados y aprobados.
El siguiente punto es que la infraestructura financiera acompañe esa transformación con pagos rápidos, trazables y capaces de operar sin que cada excepción termine nuevamente en una planilla.
La tecnología para hacerlo ya existe, sin embargo, la brecha que persiste en Latinoamérica está cada vez menos relacionada con la capacidad técnica y más con la disposición de las organizaciones a confiar en sistemas automatizados allí donde las reglas pueden definirse, los datos pueden verificarse y los resultados pueden auditarse.
FloodFlash puede seguir siendo un caso llamativo o convertirse en una referencia de hacia dónde puede avanzar la industria.
Para las aseguradoras latinoamericanas, el camino a seguir está puesto en automatizar procesos, pero también en decidir hasta dónde están dispuestas a llevar esa automatización y qué tan preparada está su infraestructura para convertir una decisión digital en un pago real, sin fricciones y en el momento en que el asegurado más lo necesita.