¿Quién me asegura que es seguro asegurar?

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Por: Daniel Villa, CEO de NYXN

La palabra “asegurar” en español carga una ambigüedad que el inglés no tiene y que la industria debería estar explotando en lugar de ignorando. Asegurar es contratar una póliza. Pero asegurar también es garantizar, dar certeza, responder por algo. 

Durante siglos esa doble acepción no generó ninguna tensión porque quien vendía la certeza (la aseguradora) y quien la garantizaba con su firma (el suscriptor, el ajustador, el actuario) eran la misma cadena de personas identificables. Hoy, cuando un agente de inteligencia artificial suscribe una póliza o ajusta un siniestro, esa cadena se rompe, y la pregunta que titula esta columna deja de ser un juego de palabras para volverse literal: ¿quién me asegura que es seguro asegurar?

La respuesta cómoda es “la aseguradora responde igual, use IA o no”. Es cierta en el papel regulatorio y falsa en la práctica operativa. Cuando un analista humano niega un siniestro, existe un nombre, un correo, un historial de decisiones similares que un supervisor puede revisar y un patrón de sesgo que eventualmente se detecta porque una persona repite sus propios errores de forma reconocible. 

Cuando un agente de IA niega miles de siniestros, el patrón de sesgo también existe, pero se esconde en la escala: nadie audita mil decisiones iguales de la misma forma en que audita a un empleado con historial de quejas. La irresponsabilidad no llega por malicia. Llega porque la velocidad del agente supera la velocidad de la supervisión, y una aseguradora puede pasar meses confiando en que “el sistema funciona bien”, simplemente porque nadie ha mirado de cerca.

Aquí está la parte que la industria prefiere no discutir de manera pública: la certidumbre que un asegurado compra no es solamente financiera es epistémica. Cuando alguien contrata un seguro, no solo transfiere un riesgo económico; también delega la confianza de que, si algo sale mal, habrá un proceso justo y explicable detrás de la decisión. 

Un modelo de IA que ajusta siniestros con alta precisión estadística puede, al mismo tiempo, ser incapaz de explicar por qué negó un caso particular, y esa incapacidad de explicar no es un detalle técnico menor. Es la erosión silenciosa de lo que el asegurado realmente compró.

Ninguna aseguradora seria estaría dispuesta a lanzar un producto sin que un actuario certificara sus números. La misma disciplina, con el mismo nivel de exigencia, debería aplicarse a certificar que un agente de IA no está negando siniestros legítimos a una tasa que nadie ha medido. 

Esa disciplina ya tiene nombre: gobierno de IA. No es una idea por construir desde cero ni una promesa a futuro; es una práctica ya madura, con estándares internacionales, marcos de auditoría y metodologías de certificación que hoy permiten a una aseguradora demostrar, con la misma solidez que sus reservas técnicas, que sus agentes deciden dentro de los límites que la compañía autorizó y que alguien está verificando que así sea.

La pregunta del título, entonces, sí tiene respuesta. Me asegura que es seguro asegurar con IA la misma arquitectura de responsabilidad que la industria construyó, con paciencia de décadas, alrededor del suscriptor humano, ahora trasladada de forma deliberada al agente que suscribe o ajusta en su lugar. 

La diferencia frente a hace cinco años no es que el riesgo haya desaparecido; es que dejó de ser un riesgo sin gobernar. Y en un mercado donde el asegurado y el regulador empezarán a exigir esa certeza como condición de entrada, no como un valor agregado, el gobierno de IA dejará de ser una opción de las aseguradoras más cuidadosas para convertirse en el estándar mínimo de quien quiera seguir compitiendo.

Las opiniones expresadas en los artículos firmados son las de los autores y no reflejan necesariamente los puntos de vista de El Asegurador.

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