Conservar un empleo ya no solo significa estabilidad económica. Cada vez más trabajadores buscan sentir conexión con lo que hacen, alinearse con sus valores y tener oportunidades de aprendizaje continuo. Cuando esto se rompe, surge el desgaste y la desconexión laboral, incluso si se mantiene el puesto. En México, este fenómeno se acentúa: el país registra una de las tasas de rotación más altas de América Latina, con un 17 por ciento, según la Asociación Mexicana en Dirección de Recursos Humanos (Amedirh). De hecho, siete de cada 10 empleados esperan cambiar de trabajo. Sin embargo, expertos coinciden en que la salida no siempre es renunciar, sino reinventarse dentro del mismo empleo.
Claudia Chianese, profesora de EAE Business School y coach ejecutiva, advierte que las señales de alerta aparecen cuando los días se sienten repetitivos, la motivación desaparece y los domingos se convierten en motivo de ansiedad. “Reinventarse no siempre implica renunciar, sino reconectar con el propósito profesional desde el rol actual”, explica. La especialista asegura que reconocer estos síntomas a tiempo puede evitar decisiones drásticas y abrir la puerta a un cambio interno con efectos positivos.
El estancamiento profesional suele manifestarse con apatía, monotonía y desinterés por actividades antes estimulantes. A ello se suman conflictos de valores: cuando la forma de trabajar choca con las convicciones personales, se genera una desconexión emocional que puede extenderse a la vida privada. “Las emociones fuera del horario laboral dicen mucho. Si evitamos hablar del trabajo o los domingos se vuelven pesados, es momento de cuestionarnos si estamos en el lugar correcto”, apunta Chianese.
Pero reinventarse desde dentro es posible. Para lograrlo, la especialista sugiere cinco pasos prácticos: identificar lo que entusiasma y lo que frustra; fijar objetivos claros y compartirlos con líderes; asumir nuevos retos en proyectos interdepartamentales; adquirir conocimientos a través de estudios o programas especializados; y reconocer la propia trayectoria como un recurso de valor. “Una de las creencias más limitantes es pensar que para cambiar de rumbo hay que empezar de cero, cuando en realidad lo más transformador ocurre aprovechando lo ya construido”, subraya.
Reinventarse, concluye Chianese, demanda decisión, estrategia y valentía. “Los mayores saltos no siempre vienen del exterior, sino de un trabajo profundo de autoconocimiento. La inercia es el verdadero enemigo: quedarse inmóvil por miedo al cambio solo prolonga el malestar. Hay que moverse con intención y aprender sobre la marcha”. En un contexto donde la rotación laboral es alta, optar por redirigir el camino sin renunciar puede ser la alternativa más sostenible para recuperar motivación y sentido profesional.