Producción no es lo mismo que fortaleza comercial

ramon.ruizg@gmail.com
Picture of Por: Ramon Ruiz, Consultor en Desarrollo Comercial

Por: Ramon Ruiz, Consultor en Desarrollo Comercial

ramon.ruizg@gmail.com

Durante años me ha tocado ver oficinas, agencias y operaciones comerciales que venden, crecen y se mueven con intensidad, pero no necesariamente entienden qué tipo de negocio están construyendo mientras lo hacen.

En el sector asegurador hablamos mucho de producción. Cuánto se vendió, quién creció, qué oficina va arriba, qué agente metió más primas, qué ramo empujó mejor el mes. Todo eso importa, claro, pero el problema es que muchas veces nos quedamos ahí.

Una operación puede estar creciendo y, al mismo tiempo, estar construyendo una cartera cada vez más frágil. Puede vender más y depender demasiado de pocos productores. Puede sostener el volumen a punta de descuentos. Puede concentrar negocio en ciertos clientes o en ciertos tipos de cuenta que después le pasan la factura a la rentabilidad. Puede verse sana en el reporte comercial y venir cargando, por abajo, un problema estructural.

Eso pasa más seguido de lo que parece.

No porque la gente no trabaje. Al contrario. En muchas compañías y oficinas se trabaja muchísimo. Se resuelven siniestros, se destraban trámites, se atienden agentes, se revisan números, se presiona por resultados. El día se llena, la operación se mueve, pero una cosa es moverse y otra dirigir.

Ahí está uno de los puntos ciegos más delicados del negocio. La actividad diaria termina organizada alrededor de la urgencia. Y cuando la urgencia gobierna, la lectura de fondo se pierde. Se atienden casos, pero no se corrige el patrón. Se resuelven efectos, pero no se interviene la forma en que la cartera se está construyendo.

Entonces empiezan a aparecer síntomas conocidos. Dependencia de unos cuantos productores. Concentración excesiva en pocos clientes. Descuentos que ya no son excepción sino costumbre. Crecimiento que aumenta volumen, pero no necesariamente calidad económica. Mucho esfuerzo para sostener el mismo margen. Y, en no pocos casos, una franja media de agentes que podría dar mucho más, pero sigue operando sin dirección real.

El problema no es falta de información. Hoy hay reportes, indicadores, dashboards y sistemas. El problema es otro. La información no siempre se convierte en criterio de dirección. Está ahí, pero no necesariamente gobierna decisiones.

Por eso empieza a ser tan importante hacer una lectura estructural de la cartera. No sólo ver cuánto se vende, sino cómo está construido eso que se vende. Qué tipo de clientes lo sostienen. Qué mezcla de negocio se está formando. Dónde se concentra el riesgo. Dónde se erosiona el margen. Qué parte del crecimiento fortalece y qué parte debilita.

Cuando esa lectura no existe, la empresa puede creer que está dirigiendo, cuando en realidad sólo está administrando consecuencias.

Y eso cuesta. Cuesta en dinero, porque se fuga margen sin que siempre se vea con claridad. Cuesta en desgaste, porque los gerentes terminan apagando fuegos en lugar de gobernar cartera. Y cuesta en fragilidad futura, porque una operación que depende demasiado de pocos pilares puede verse fuerte hasta el día en que uno de esos pilares falla.

La pregunta, entonces, no es sólo cuánto estamos vendiendo.

La pregunta más útil, y también más incómoda, es esta: ¿qué tipo de negocio estamos construyendo mientras vendemos?

Ahí puede empezar una conversación mucho más seria sobre rentabilidad, dirección comercial y calidad de crecimiento.

Las opiniones expresadas en los artículos firmados son las de los autores y no reflejan necesariamente los puntos de vista de El Asegurador.

Califica este artículo

Calificación promedio 5 / 5. Totales 1

Se él primero en calificar este artículo