Sobre la autora

Anastasiia Faizulenova

Anastasiia Faizulenova es CEO de Renova, una plataforma tecnológica que ayuda a agentes, brokers y promotorías a vender más y ofrecer un servicio premium al cliente. 

Actualmente, Renova opera en 10 países. 

Anastasiia fue incluida en Forbes 30 Under 30 Europa y también participa como inversionista en proyectos tecnológicos. 

La mayoría de los intermediarios cree que la renovación se decide en la renovación. Lo que vemos en la operación de los intermediarios que usan Renova apunta en otra dirección: cuando un asegurado vive mal un siniestro, su disposición a renovar cae mucho antes de que llegue el aviso de vencimiento. No medimos el instante exacto de la decisión, pero el siniestro aparece una y otra vez como el momento que marca la diferencia. Y casi ningún intermediario lo está midiendo.

El error de óptica: medimos la renovación, no lo que la provoca

Cuando un intermediario quiere mejorar la retención de su cartera, mira el final de la cadena: se acerca el vencimiento, hay que llamar, recordar, quizá ofrecer un descuento. Toda la energía se concentra en las últimas dos semanas de vida de la póliza.

Pero para entonces, en buena parte de los casos, el cliente ya se inclinó (por quedarse o por irse). Si hace medio año tuvo un siniestro y lo dejaste a oscuras, lo hiciste llamar cinco veces, tardaste en responder, no se va a ir gritando. Simplemente no renueva, en silencio. Y tú vas a pensar que lo perdiste por precio.

Optimizamos el recordatorio de renovación. Cuando lo que había que optimizar era el momento que la determina.

Lo que esto confirma: en México y del lado de las aseguradoras

Las quejas ante la CONDUSEF lo respaldan. En su reporte de reclamaciones #RevisaComparaDecide (enero-diciembre 2022), la principal causa de reclamación fue la negativa en el pago de la indemnización (38%), y otro 10% fue por inconformidad con los tiempos del pago: dos de las tres causas principales apuntan al mismo punto, el momento del siniestro (CONDUSEF). Y la fricción va en aumento: en el primer cuatrimestre de 2026, las quejas contra aseguradoras crecieron un 8%, concentradas en autos y gastos médicos (CONDUSEF, vía Infobae). Para muchos asegurados, el siniestro es justo el punto donde la relación se rompe, y es ahí donde el intermediario puede marcar la diferencia.

Del lado de las aseguradoras, los estudios apuntan en el mismo sentido. Bain (P&C, EE.UU.): de los clientes satisfechos con su experiencia de siniestro, alrededor de la mitad dice que renovará; de los insatisfechos, solo un tercio. Y de todas las interacciones del cliente con el seguro a lo largo del año, el siniestro es la que más influye en la lealtad (Bain, 2022). McKinsey (seguros de auto, EE.UU., 2016): un cliente satisfecho es 80% más propenso a renovar. La cifra es de ese mercado, pero el principio aplica también al nuestro (McKinsey).

Y hay un detalle que lo convierte en nuestro asunto, no en el de ellos: cuando hay un siniestro, muchas veces el asegurado no llama primero a la aseguradora: te llama a ti. Tú eres quien lo mantiene informado, quien presiona a la compañía, quien le explica. El momento de verdad se vive a través del intermediario.

Imagina un sábado por la noche

Tu cliente choca o termina en el hospital. Es tarde, tiene miedo, no sabe si su póliza lo cubre. Te escribe a ti. A partir de ese segundo hay dos caminos.

El primero: le respondes a la mañana siguiente, le dices “déjame averiguar” y desapareces una semana, mientras tú mismo te peleas con la compañía. Todo ese tiempo el asegurado está en silencio, armando en su cabeza la peor versión de la historia.

El segundo: le respondes en minutos, le explicas el siguiente paso y luego le escribes tú mismo cada par de días, aunque no haya novedades. La misma cobertura, el mismo pago al final. Pero son dos clientes completamente distintos el día de la renovación.

La diferencia entre ambos no es suerte ni carisma. Es un proceso que se puede medir.

Las 4 métricas que casi nadie rastrea

1. Tiempo de primera respuesta: desde el “tuve un siniestro” hasta tu primera respuesta real (no un mensaje automático).

2. Número de actualizaciones proactivas: cuántas veces escribiste tú el estatus sin esperar a que el cliente pregunte. Regla de arranque: cada 3 días, aunque no haya novedades.

3. Tiempo de resolución: desde el reporte hasta que la aseguradora cierra y paga.

4. Contacto posterior al cierre: si le escribiste al asegurado unos días después del pago, o desapareciste hasta la siguiente mensualidad.

Y si diriges un equipo: esa misma métrica, medida por agente, te muestra cuál de ellos pierde clientes en silencio, antes de que dejen de renovar.

Cómo construirlo en tu operación esta semana

No necesitas un equipo de desarrollo. Basta una hoja de cálculo:

1. Abre una ficha por cada siniestro con 5 campos: cliente, fecha, estatus, responsable, último contacto. No un mensaje de WhatsApp que se va a perder.

2. Pon la regla “informado cada 3 días”, incluso sin novedades. Un “seguimos sin cambios, estoy al pendiente” cuesta cero y sostiene la confianza.

3. Mide las 4 métricas al menos el primer mes. Te vas a sorprender de tu verdadero tiempo de primera respuesta.

4. En la temporada de renovaciones, compara la tasa de renovación de tu cartera entre los asegurados cuyo siniestro se vivió bien y aquellos cuyo siniestro se vivió mal. El patrón aparece rápido.

El primer mes se puede llevar a mano. Pero después (registrar el siniestro, recordar las actualizaciones, calcular las métricas al instante) es justo lo que cualquier CRM serio hace de forma automática: crea el evento solo, te recuerda contactar, lo calcula todo en un segundo. Y entonces dejas de gastar tiempo en registrar (eso se hace solo) y pones toda tu energía en una sola cosa: que cada siniestro se viva mejor que el anterior.

Conclusión

La renovación no es un evento de fin de año que se cierra con una llamada y un descuento. Es la consecuencia de cómo viviste el peor día de tu cliente. Los intermediarios que lo entienden dejan de pelear la retención en las últimas dos semanas y empiezan a ganarla meses antes, ahí donde la competencia ni siquiera está mirando.

El precio pesa, pero retiene menos de lo que la mayoría supone. Lo que más amarra a un asegurado suele ser cómo lo trataste el día que más te necesitaba.

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