Los deseos inspiran, pero el compromiso transforma

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Por: Alejandra Fernández

Por años he escuchado una frase que parece sencilla, pero que encierra una gran verdad: las metas no se alcanzan con deseos, sino con compromiso.

Y entonces surge una pregunta interesante: ¿las ventas y la motivación tienen relación? ¿Son temas separados o realmente una forma parte de la otra? Y entre la motivación y las ventas, ¿dónde entra la automotivación?

Muchos creemos que alcanzar una meta depende de las circunstancias, del mercado, de la suerte o incluso de las oportunidades que se presentan. Sin embargo, después de muchos años en el mundo comercial, he llegado a una conclusión: el verdadero secreto de las ventas está en el compromiso y en el enfoque.

Todos deseamos cosas. Deseamos vender más, obtener un bono, asistir a una convención, recibir un reconocimiento o convertirnos en ese vendedor que parece lograr todo lo que se propone. Soñamos con alcanzar grandes resultados y esperamos el momento perfecto para comenzar. Pero mientras esperamos, los días pasan.

Nuestra mente muchas veces nos dice: “todavía no es el momento”, “después lo haré”, “cuando tenga más tiempo empezaré”. Y sin darnos cuenta, podemos pasar meses o incluso años soñando con una meta sin tomar acción.

La realidad es que los resultados no llegan por suerte. Llegan porque un día decidimos comprometernos.

Hace unas semanas tuve la oportunidad de impartir una conferencia para empresarias sobre un tema que nos apasiona a todos los que vivimos de esta profesión: las ventas.

Durante la charla compartí las etapas que, desde mi experiencia, son fundamentales para alcanzar cualquier objetivo:

  1. Tener un plan y un enfoque.
  2. Disciplina.
  3. Motivación.
  4. Automotivación.
  5. Esfuerzo.
  6. Constancia.
  7. Resultado.
  8. Meta.

Sin embargo, este mes quiero detenerme específicamente en el cuarto punto: la automotivación.

Como vendedores, empresarios y líderes, solemos dedicar gran parte de nuestro tiempo a motivar a otros. Motivamos a nuestros equipos, a nuestros clientes, a nuestras familias e incluso a nuestros socios. Pero pocas veces nos detenemos a responder una pregunta fundamental:

¿Quién motiva al motivador?

¿Qué es lo que realmente te impulsa a levantarte cada mañana? ¿Qué te mueve cuando las cosas no salen como esperabas? ¿Qué te mantiene firme cuando llegan los momentos difíciles?

Si tu primera respuesta es “el dinero”, te invito a profundizar un poco más. Porque el dinero es importante, sin duda, pero cuando se convierte en el único motivo, es difícil experimentar la satisfacción profunda que genera trabajar por algo que realmente tiene significado para nosotros.

Durante esa conferencia compartí dos preguntas que han transformado mi vida profesional y personal.

La primera me la hizo mi coach hace algunos años:

¿Qué quieres tú?

Puede parecer una pregunta sencilla, pero descubrí que muchas personas no saben responderla. En mi libro Mis Tres Pilares en las Ventas escribí una frase que resume perfectamente esta reflexión:

“Lo difícil no es tener lo que quieres; lo difícil es saber qué es lo que realmente quieres.”

Cuando logré identificar aquello que verdaderamente deseaba alcanzar, mis metas dejaron de ser confusas. Mi energía encontró dirección y mi enfoque se fortaleció.

La segunda pregunta fue igual de poderosa:

¿Cuál es tu misión?

¿Cuál es tu misión como empresario? Como vendedor. Como profesional. Como persona.

¿Sabes qué es eso que harías incluso sin recibir una recompensa económica? ¿Qué actividad te apasiona tanto que forma parte de tu esencia?

Cuando descubres tu misión, las metas dejan de ser simples números y se convierten en consecuencias naturales de vivir con propósito.

¿Qué quiero yo?

¿Cuál es mi misión?

Dos preguntas aparentemente simples, pero capaces de cambiar tu forma de pensar, trabajar y vivir.

Hoy puedo decir que hubo un momento en el que responderlas transformó mi vida. Desde entonces ya no me levanto solamente para alcanzar una meta comercial; me levanto para cumplir una misión. Y cuando tienes claro tu propósito, el plan se vuelve más fácil, el enfoque permanece firme y la automotivación aparece de manera natural.

Lo que antes llamabas esfuerzo comienza a convertirse en satisfacción. La constancia deja de ser una obligación y se transforma en una elección. Y entonces los resultados empiezan a llegar.

Este último mes enfrenté uno de los momentos más difíciles de mi vida: la pérdida de mi padre.

Hubo días en los que no quería levantarme de la cama. Días en los que responder un mensaje, atender una llamada o preparar una conferencia parecía imposible. Días llenos de dolor, de preguntas y de un sentimiento completamente nuevo que estaba aprendiendo a vivir.

Y fue precisamente en esos momentos cuando volví a hacerme las mismas preguntas:

¿Qué quiero yo? ¿Cuál es mi misión?

Las respuestas no eliminaron el dolor, pero sí me dieron la fuerza necesaria para seguir adelante. Me recordaron por qué hago lo que hago. Me ayudaron a volver a escribir, a volver a trabajar y a volver a compartir con las personas que me rodean.

Hoy sigo aprendiendo a vivir con esta ausencia, pero también he descubierto una nueva fortaleza en mi automotivación.

Por eso, si estás atravesando un momento complicado, si sientes que has perdido el rumbo o si has pensado en abandonar tus metas, te invito a detenerte por un instante y responder estas dos preguntas.

¿Qué quiero yo? ¿Cuál es mi misión?

Tal vez encuentres en ellas la fuerza que necesitas para levantarte nuevamente y seguir construyendo tus sueños.

Porque cuando sabemos lo que queremos y entendemos para qué lo queremos, todo se vuelve más claro.

Y recuerda siempre:

Los deseos inspiran, pero el compromiso transforma.

Porque en ventas, como en la vida, hay una verdad que nunca debemos olvidar:

El NO ya lo tienes.

Aplica de todos modos.
Pregunta de todos modos.
Inténtalo de todos modos.

No te rechaces antes de tiempo.

Gracias por leerme y nos vemos el próximo mes en una nueva edición de Entre Números y Sueños.

Las opiniones expresadas en los artículos firmados son las de los autores y no reflejan necesariamente los puntos de vista de El Asegurador.

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