Riesgo climático redefine la asegurabilidad

Por: Alma G. Yáñez Villanueva @pea_alma

El cambio climático dejó de ser un riesgo exclusivamente ambiental para convertirse en un desafío operativo, financiero y de asegurabilidad para las empresas en América Latina. Sequías, lluvias extremas, olas de calor, variabilidad hidrológica y deslizamientos ya impactan activos, cadenas de suministro, disponibilidad de agua y costos de operación, por lo que las organizaciones deberán incorporar estos factores en su gestión integral de riesgos, advirtió WTW.

En su análisis El valor de lo natural, la firma señala que los riesgos climáticos ya no pueden evaluarse de manera aislada, sino como sistemas interconectados donde un solo evento puede desencadenar pérdidas sobre activos, personas, flujo de efectivo, reputación y valor empresarial. El estudio advierte que cada grado adicional de aumento en la temperatura global podría reducir hasta 12 por ciento el Producto Interno Bruto (PIB) mundial, con efectos particularmente severos para las economías latinoamericanas, que además reciben apenas 6 por ciento del financiamiento climático global.

No obstante, WTW considera que la transición hacia una economía de bajas emisiones representa una de las mayores oportunidades de negocio para el sector financiero y asegurador. El crecimiento de instrumentos como bonos y créditos verdes, seguros paramétricos vinculados a variables climáticas y el financiamiento de energías renovables abre un mercado que demandará inversiones por cientos de miles de millones de dólares en América Latina durante los próximos 15 años, de acuerdo con estimaciones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

El informe destaca que la región cuenta con una ventaja estratégica por su matriz eléctrica limpia, sus recursos energéticos y minerales, así como por el potencial para liderar la transición energética. Actualmente genera alrededor de 60 por ciento de su electricidad con fuentes renovables y esa proporción podría alcanzar cerca del 80 por ciento hacia 2050. En este escenario, las empresas que integren el riesgo climático en su estrategia no sólo reducirán su exposición a pérdidas, sino que estarán mejor posicionadas para aprovechar el flujo de inversión que acompañará la descarbonización de la economía.

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